Cómo el barcelonés Alberto Rodríguez está llevando la robótica humanoide de Boston Dynamics fuera del laboratorio
La robótica humanoide ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en un terreno industrial en plena transformación. En esta conversación, Alberto Rodríguez, ingeniero de Boston Dynamics, repasa su trayectoria desde Barcelona hasta Estados Unidos, su paso por Carnegie Mellon University y su papel actual liderando un equipo de unas 60 personas. Entre investigación, producto y filosofía aplicada, su historia refleja cómo la robótica está saliendo del laboratorio para entrar en el mundo real.

Del aula en Barcelona a la robótica en Estados Unidos
Si miras atrás, ¿en qué momento te das cuenta de que la robótica iba a ser lo tuyo?
Creo que bastante pronto, aunque no de forma consciente. Estudiando matemáticas y telecomunicaciones en Barcelona, ya me atraía todo lo que tenía que ver con sistemas complejos y entender cómo se comportan las cosas cuando interactúan con el mundo real. Pero el clic vino cuando vi que la robótica no era solo teoría: era física, era incertidumbre, era algo que fallaba y había que arreglar. Ahí me enganchó.
El salto a Estados Unidos suena hoy muy natural, pero en su momento no lo era tanto. ¿Cómo se gestiona esa transición?
No fue nada lineal. Me costó bastante. Estuve un par de años trabajando en un laboratorio en Barcelona intentando encontrar la forma de salir. No era solo “quiero irme”, era cómo. Al final entré en Carnegie Mellon University en 2006 y ahí cambió todo. En Estados Unidos sentí que la robótica no era un campo académico aislado, sino una industria en construcción.
Carnegie Mellon es casi una fábrica de talento en robótica. ¿Qué se aprende ahí que no se aprende en otro sitio?
Mucho del enfoque mental. No solo se trata de publicar o investigar, sino de construir sistemas que funcionan en el mundo real. Allí se respira una mezcla de rigor científico y obsesión por la aplicación. Eso marca mucho tu forma de pensar después.
Y de ahí, casi sin planearlo, acabas en Boston Dynamics. ¿Cómo ocurre eso?
Fue bastante casual. Me tomé un año sabático y fui a Boston Dynamics porque estaban trabajando en manipulación, que era justo mi área. No iba con la idea de quedarme. Pero a los seis meses me di cuenta de que estaba en el sitio donde realmente estaba pasando algo distinto. Y ahí cambió el plan.

De laboratorio a producto: el giro real de la robótica
Boston Dynamics tiene fama de laboratorio creativo. ¿Cómo ha cambiado esa cultura con los años?
Ha cambiado muchísimo. Antes era casi investigación pura. Luego pasamos por Google, SoftBank y ahora Hyundai Motor Group. Ese recorrido te obliga a madurar como empresa. Hoy ya no es solo “mira lo que podemos hacer”, sino “esto tiene que funcionar en un almacén, todos los días, sin fallar”.
Tú trabajas en manipulación. Traducido a tierra: ¿qué hace exactamente un robot ahí?
La manipulación es el gran reto de la robótica. Es coger cosas, moverlas, usar herramientas, interactuar con objetos como lo haría una persona. Parece simple, pero es lo más difícil. La movilidad ya está bastante avanzada: un robot puede caminar, subir escaleras, moverse. Pero si no puede hacer cosas con las manos, su utilidad es limitada.
Robots como Spot o Stretch ya están en el mercado. ¿Qué problema real resuelven hoy?
Stretch automatiza tareas de logística como descargar camiones. Es un trabajo físico, repetitivo y pesado. Spot, en cambio, es más de inspección: entra en espacios industriales, detecta anomalías, revisa maquinaria, incluso en lugares peligrosos. Son robots que ya aportan valor económico real.
Atlas siempre ha sido el “showstopper” de Boston Dynamics. ¿Sigue siendo solo un experimento?
Atlas empezó como investigación pura, sí. Pero lo interesante es que ahora empieza a tener implicaciones más amplias. No es un producto como tal todavía, pero nos sirve para empujar los límites de lo que un humanoide puede hacer en entornos complejos.

Inteligencia Artificial, miedo y realidad física
Cuando la gente habla de robots e IA, suele aparecer la palabra “miedo”. ¿Te sorprende esa reacción?
No, es normal. Pero hay mucha confusión. La inteligencia artificial ha avanzado muy rápido porque es software. La robótica es otra historia: es física, es energía, es hardware. Eso la hace mucho más lenta y, en cierto sentido, más controlable.
O sea, el peligro no está tanto en el robot como en cómo se use.
Exacto. Un robot por sí solo no decide nada. Es una herramienta. El riesgo viene del uso, igual que con cualquier tecnología potente. Pero no estamos en un punto en el que un robot físico represente un riesgo autónomo significativo.
Boston Dynamics ha sido muy clara en el uso militar. ¿Es una decisión técnica o ética?
Es ambas cosas. Hay una posición muy clara de no trabajar en aplicaciones armamentísticas. Y también es una forma de proteger el propósito de la empresa: construir robots útiles para la sociedad, no sistemas de combate.

El futuro de los humanoides
Vamos a lo grande: ¿qué falta para ver humanoides en nuestro día a día?
Falta sobre todo una cosa: manipulación robusta. Es decir, que el robot pueda hacer tareas físicas con la misma fiabilidad que un humano. Eso incluye abrir puertas, coger objetos frágiles, montar cosas… No es un problema pequeño, es el gran reto.
¿Por qué insistir en que tengan forma humana? ¿No es más fácil hacerlos diferentes?
Es una buena pregunta. Hay dos razones. Una es práctica: entrenamos robots por imitación, y si el cuerpo es similar al humano, el aprendizaje es más directo. La otra es estructural: el mundo está diseñado para nosotros. Puertas, escaleras, herramientas… todo está pensado para cuerpos humanos.
Pero también podría pensarse que es una limitación de diseño.
Sí, y en algunos casos lo es. Pero si quieres un robot generalista que funcione en muchos entornos distintos, el cuerpo humano resulta sorprendentemente eficiente. No es perfecto, pero es muy versátil.
Entonces, ¿los veremos antes en fábricas que en casas?
Sin duda. La industria es el entorno natural inicial. Es más estructurado, más predecible, y el retorno económico es claro. La casa es mucho más compleja: más variabilidad, más interacción social, más incertidumbre.
Última pregunta obligada: ¿Real Madrid o Barcelona?
Soy del Real Madrid.

Ficha técnica
Cuándo van a volar los autos: no tengo claro que sean necesarios o tengan mucho valor. Con coches autónomos me conformo.
Fabricado en: Lleida, España
Año modelo: 1981
Partes de: España
Dónde comienza tu carrera profesional: en USA. Tras hacer un doctorado en robótica en CMU, empecé como profesor/investigador en el MIT en 2014 y en 2021 me fui de la universidad a Boston Dynamics.
Dónde te gustaría terminar tu carrera profesional: Por ahora no pienso más allá de continuar la misión de Atlas y Boston Dynamics y la aventura de hacer que los humanoides transformen primero la industria y después la sociedad.
Sitio para vivir: en Boston se vive muy bien, pero en Barcelona tampoco se está mal :)
País para trabajar: Estados Unidos
País para vacacionar: casi siempre las hacemos en España. ¡Nos queda mucho por ver!
Comida favorita: jamón serrano
Bebida favorita: un Albariño fresquito
Su libro: leo bastante variado, pero si tengo que decir un libro sería Maus, de Art Spiegelman, o El Gen Egoísta, de Richard Dawkins
Película favorita: buff, ¡cuántas! El club de la lucha
Eléctricos, moda o necesidad: necesidad.